El cambio climático se perfila como una de las principales amenazas para la producción de alimentos en el mundo. De acuerdo con estimaciones de la FAO y otros organismos internacionales, para el año 2050 los rendimientos agrícolas podrían reducirse en un 8% debido al calentamiento global provocado por las emisiones de dióxido de carbono.
Sin embargo, si no se toman medidas drásticas para frenar estas emisiones, la caída podría superar el 20% en las décadas siguientes.
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El cambio climático pone en jaque la seguridad alimentaria global
Esta crisis afectará especialmente a los países en vías de desarrollo, donde los controles medioambientales son más laxos. Mientras tanto, se intensifica la disputa global sobre quién debe asumir la mayor responsabilidad.
Las naciones industrializadas señalan a las economías emergentes por su falta de acción, mientras que estas últimas recuerdan que el actual deterioro es consecuencia de décadas de desarrollo contaminante por parte del norte global.
Los efectos ya se hacen sentir en cultivos fundamentales como el maíz, el trigo, el arroz y la soja. Se estima que la producción de maíz podría caer hasta un 40% en regiones clave como Estados Unidos, China y África meridional.
El trigo, por su parte, enfrentaría pérdidas del 15% al 40% en Europa, Asia, América y América del Norte.
A pesar de los avances tecnológicos en agricultura, el futuro de la seguridad alimentaria mundial está en riesgo, no solo por el clima, sino también por la degradación del suelo debido al uso excesivo de fertilizantes y la sobreexplotación.
La FAO advierte: la tierra no es propiedad de una sola generación, sino un recurso que debe preservarse para las futuras. El reto es doble: alimentar a una población creciente y proteger el planeta que nos alimenta.
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