Vie. Mar 6th, 2026

El cambio climático convierte al dengue y la chikungunya en amenazas europeas

El cambio climático convierte al dengue y la chikungunya en amenazas europeas.

El dengue y la chikungunya ya no son enfermedades exóticas que los viajeros traen de regreso tras visitar países tropicales.

Hoy circulan de manera autóctona en Europa, impulsadas por un cambio climático que multiplica los mosquitos vectores y prolonga su actividad.

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El dengue y la chikungunya ya no son exclusivos de climas tropicales.

El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) advierte que la transmisión local avanza a un ritmo inédito, con brotes en Francia, Italia, Madeira y España.

El Aedes aegypti, principal transmisor del dengue, ya se ha instalado en Chipre y Madeira. El mosquito tigre (Aedes albopictus), detectado por primera vez en Cataluña en 2004, se ha expandido por media Europa.

Y el Aedes japonicus, recién llegado, coloniza el norte de España. Las olas de calor prolongan su ciclo vital y aceleran la aparición de nuevas generaciones de insectos capaces de portar virus que hasta hace poco se consideraban exclusivos de climas tropicales.

Las cifras confirman la tendencia. Francia reportó en 2025 49 casos autóctonos de chikungunya y seis de dengue en cinco departamentos. Italia sumó contagios locales de ambas enfermedades durante el verano.

En España, aunque los brotes son menores, ya preocupan: ocho casos de dengue en Tarragona en 2024 y un caso en Hendaya, en la frontera vasca. Los focos, lejos de extinguirse, permanecen activos, lo que evidencia transmisión local sostenida.

La factura sanitaria del calentamiento global se refleja también en el virus del Nilo Occidental, que en 2024 dejó 158 casos y 20 muertes en España, principalmente en el Bajo Guadalquivir. Los más afectados fueron mayores e inmunodeprimidos, en un sistema de salud debilitado.

Expertos coinciden: el cambio climático es el acelerador y la globalización el vehículo. Sin embargo, las políticas públicas siguen limitándose a fumigaciones puntuales y campañas de concienciación.

El resultado es claro: lo tropical ya es europeo, y el continente enfrenta una emergencia sanitaria marcada por la crisis climática.

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