La cumbre climática celebrada este miércoles en Nueva York, con la participación de 118 países, dejó en evidencia una fractura geopolítica decisiva: mientras Estados Unidos se retira del escenario internacional, China se posiciona como actor central en la lucha contra el calentamiento global.
El contraste no pudo ser más fuerte. Apenas un día antes, Donald Trump había calificado al cambio climático como “la mayor estafa jamás efectuada contra el mundo”, desestimando tanto la ciencia como los compromisos multilaterales.
Lee también: Daniel Madariaga Barrilado impulsa soluciones hídricas en Aquatech México 2025
Ante los recientes comentarios de Donald Trump, China se posiciona como actor central en la lucha contra el calentamiento global.
Ante este vacío, el primer ministro chino, Li Qiang, inauguró la reunión con la expectativa de anunciar una meta inédita: la reducción de emisiones hacia 2035.
Aunque los expertos prevén que se trate de un recorte modesto —en torno al 10% durante la próxima década—, el gesto tiene un enorme peso simbólico.
China, responsable del 30% de las emisiones globales, nunca antes había asumido compromisos explícitos de reducción, limitándose hasta ahora a un tope para 2030 que ya estaría alcanzando gracias al despliegue de energía solar y autos eléctricos.
Sin embargo, la paradoja es evidente: el gigante asiático es al mismo tiempo la mayor potencia de energías limpias y el mayor consumidor de carbón.
La mitad de su electricidad proviene aún de este combustible, un dato que relativiza su ambición climática.
El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que la meta de limitar el calentamiento a 1,5 ºC “está a punto de derrumbarse”, pues el planeta ya ha alcanzado los 1,4 ºC. La ciencia advierte que cada décima cuenta, y retrasar decisiones significará impactos irreversibles.
Con miras a la COP30 en Belém, Brasil, la atención se centra en si China transformará su rol de potencia verde emergente en un liderazgo real.
El tiempo apremia, y la ausencia estadounidense deja al mundo más dependiente que nunca de los pasos —tímidos o audaces— de Pekín.
Lee también: México frente a la crisis hídrica: entre el reto y la oportunidad

