El calor extremo, cada vez más frecuente e intenso por el cambio climático, se ha convertido en una de las mayores amenazas para la salud pública mundial, según un reciente informe de la Universidad de Sídney.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que las olas de calor causan miles de muertes anualmente, especialmente entre adultos mayores, niños, enfermos crónicos y trabajadores expuestos al sol.
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El calor extremo exige políticas urgentes.
En Australia, el calor mata a más personas que todos los desastres naturales juntos. Por ello, el Centro de Investigación sobre Calor y Salud (Heat and Health Research Centre) de la Universidad de Sídney estudia cómo las altas temperaturas afectan al cuerpo humano.
En una cámara climática que puede alcanzar los 60 grados y 90 % de humedad, los investigadores miden la temperatura corporal, la sudoración y la función renal para entender los límites de supervivencia humana.
“El cambio climático está reescribiendo los límites de la fisiología humana”, afirmó el profesor Ollie Jay, director del centro.
Según sus estudios, una persona en reposo solo puede resistir seis horas a 54 °C antes de sufrir un golpe de calor.
Las enfermedades cardiovasculares son las más agravadas, ya que el corazón no logra mantener al cuerpo fresco bajo estrés térmico.
El centro también investiga el impacto del calor en embarazadas y niños, demostrando que la exposición extrema aumenta el riesgo de parto prematuro y muerte fetal.
Además, las noches calurosas —cada vez más comunes— impiden la recuperación corporal y elevan el riesgo de enfermedades renales y cardíacas.
Los expertos advierten que el calor extremo no es solo una incomodidad estacional, sino una emergencia sanitaria silenciosa que exige políticas urgentes: más zonas verdes, acceso al agua, mejor climatización y sistemas de alerta temprana.
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