Un nuevo estudio internacional llamado “efecto lujo” vuelve a poner sobre la mesa una desigualdad menos visible, pero profundamente arraigada en las grandes ciudades: el acceso desigual a la naturaleza.
El «efecto», describe cómo los barrios de mayor nivel socioeconómico concentran más áreas verdes, árboles, aves y biodiversidad urbana, mientras que las zonas desfavorecidas permanecen más grises y con menos espacios naturales.
Se trata, según especialistas, de una forma de injusticia ambiental que atraviesa continentes y modelos urbanos.
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Identificar y combatir el “efecto lujo” será clave para garantizar que la naturaleza no sea un privilegio.
El fenómeno, documentado en ciudades como Nueva York, Londres, Pekín o Ciudad del Cabo, fue examinado por un equipo coordinado por la Universidad de Turín.
Su investigación, publicada en la revista People and Nature, analizó más de cien estudios internacionales y confirmó una tendencia persistente: la biodiversidad urbana no se distribuye de manera equitativa.
“La biodiversidad urbana es clave para entender cómo podemos convivir armónicamente con la naturaleza”, afirma la bióloga Irene Regaiolo, autora principal del estudio.
Aun así, los investigadores advierten que el efecto no es universal. Depende de factores económicos, demográficos y geográficos que varían entre regiones.
La mayoría de los estudios provienen del norte global, lo que deja interrogantes sobre las ciudades del sur, donde problemas más urgentes como la alimentación o la seguridad pueden desplazar las políticas ambientales a un segundo plano.
El informe también alerta sobre la “gentrificación verde”: la creación de parques o espacios naturales en barrios vulnerables puede elevar el valor inmobiliario y desplazar a sus habitantes.
Como alternativa, propone soluciones participativas, como huertos urbanos, jardines comunitarios o proyectos de ciencia ciudadana que fortalezcan el tejido social sin expulsar a la comunidad.
Con más de la mitad de la población mundial viviendo en ciudades —una cifra que alcanzará el 70% en 2050—, el desafío es claro: diseñar urbes más equitativas y sostenibles.
Para ello, identificar y combatir el “efecto lujo” será clave para garantizar que la naturaleza no sea un privilegio, sino un derecho accesible para todos.
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