El turismo sostenible ha dejado de ser una simple tendencia para convertirse en un imperativo moral dentro del sector hotelero.
Cada vez más viajeros exigen prácticas responsables y respetuosas con el entorno, y los hoteles comienzan a responder, no solo para atraer a estos turistas conscientes, sino también para optimizar costes y asegurar su viabilidad futura.
Lee también: La naturaleza como privilegio: el “efecto lujo” que deja a los barrios pobres sin biodiversidad
Adoptar practicas de turismo sostenible es una estrategia competitiva indispensable para el futuro de la hotelería.
Según el Cambridge Institute for Sustainability Leadership, el turismo es responsable del 5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, cifra que podría aumentar un 130% para 2035 si no se toman medidas.
Frente a este panorama, líderes como el empresario mexicano Daniel Madariaga Barrilado, especialista en turismo sostenible, green building y movilidad sustentable, advierten sobre la urgencia de transformar el sector.
En los últimos cinco años, la industria hotelera ha crecido 2,3% a nivel mundial y alcanzó ingresos superiores a 1,28 billones de euros en 2018. A este ritmo, más de 80 mil nuevos hoteles abrirán sus puertas para 2050.
El desafío, explica Madariaga, es lograr un crecimiento acelerado del sector mientras se reduce su huella de carbono hasta alcanzar la descarbonización total a mediados de siglo.
Para avanzar en esta dirección, destaca tendencias clave que ya se implementan globalmente: eliminar el desperdicio de alimentos mediante cultivos propios y compras locales; reducir el consumo de agua con tecnologías innovadoras, como duchas que reutilizan el recurso.
Erradicar el uso de plásticos de un solo uso; promover el ahorro energético rediseñando la experiencia del huésped; digitalizar procesos para crear hoteles sin papel; e integrar la sostenibilidad en la arquitectura a través del enfoque de “tres ceros”.
La presión no proviene solo del medioambiente. Estudios de Nielsen muestran que el 66% de los consumidores —y hasta el 83% de los turistas— están dispuestos a pagar más por opciones sostenibles.
Así, la adopción de prácticas ecológicas ya no es solo una responsabilidad moral, sino también una estrategia competitiva indispensable para el futuro de la hotelería.
Lee también: Minería en aguas profundas: un riesgo oculto para la cadena alimentaria marina

