El consumo europeo de productos como cacao, café, soja, aceite de palma, carne y cuero bovino está provocando una deforestación alarmante en otras regiones del mundo.
Según un informe publicado por WWF Europa, entre 2021 y 2023 se han perdido 149 millones de árboles, lo que equivale a 100 árboles talados cada minuto.
Lee también: Turismo sostenible: el nuevo deber ético del sector hotelero
Sólo el consumo de cacao en la UE causa la pérdida de más de 10 millones de árboles al año.
El análisis, elaborado en colaboración con la empresa suiza AdAstra Sustainability, revela que Alemania lidera esta lista con 13 millones de árboles destruidos anualmente, seguida de España (6,5 millones) y Francia (6,3 millones).
Por población, Países Bajos encabeza la cifra relativa, con 272 árboles eliminados por cada mil ciudadanos, superando a Luxemburgo (226) y Finlandia (177).
Sólo el consumo de chocolate en la UE causa la pérdida de más de 10 millones de árboles al año, cifra similar a la derivada de la carne y el cuero bovino, señala WWF.
La organización critica que la aplicación del Reglamento Europeo de Deforestación (EUDR), diseñado para evitar que materias primas importadas generen destrucción forestal, se haya retrasado hasta diciembre de 2025 y que las flexibilidades en sanciones debiliten su efectividad.
«El precio de retrasar el Reglamento Europeo de Deforestación es catastrófico y nuestro clima no puede permitírselo», advirtió Béatrice Wedeux, responsable de políticas de WWF.
Según la ONG, el aplazamiento genera 16,8 millones de toneladas adicionales de CO₂, que podrían ascender a 17,4 millones si aumentan las importaciones.
La plena implementación del EUDR podría evitar la liberación de 387 millones de toneladas de CO₂ hasta 2035, equivalente a las emisiones anuales de 50 millones de hogares.
Mientras tanto, millones de árboles siguen cayendo en el mundo para satisfacer el consumo europeo, agravando la crisis climática y la pérdida de biodiversidad, mientras la normativa clave para frenar esta devastación aún no entra en vigor.
Lee también: La contaminación del aire, un nuevo vehículo para la resistencia antimicrobiana

