La Unión Europea (UE) ha elevado el tono de alarma frente al acelerado deterioro ambiental y ha reclamado acciones contundentes y coordinadas para frenar una crisis que, advierte, amenaza con volverse irreversible.
En el marco de la VII Asamblea de la ONU para el Medio Ambiente (UNEA-7), celebrada en Nairobi, la comisaria europea de Medioambiente, Resiliencia Hídrica y Economía Circular Competitiva, Jessika Roswall, instó a la comunidad internacional a adoptar “decisiones impactantes” que permitan proteger los ecosistemas más vulnerables y garantizar un futuro sostenible.
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Los esfuerzos de los gobiernos no son suficientes frente a la velocidad de la crisis ambiental.
Roswall subrayó que el planeta está entrando en “territorio inexplorado” debido a la superposición de múltiples crisis: el cambio climático, la pérdida acelerada de biodiversidad, la degradación de la tierra, la desertificación, la contaminación y el aumento de los desechos.
Estos fenómenos, señaló, afectan a todos los ecosistemas, desde los entornos terrestres hasta los océanos profundos, con consecuencias cada vez más visibles para las sociedades humanas.
La UE reconoce avances recientes, como el Acuerdo sobre la Diversidad Biológica Marina en Zonas Fuera de la Jurisdicción Nacional y las negociaciones para un tratado global contra la contaminación plástica.
Sin embargo, Bruselas advierte que estos progresos no son suficientes frente a la velocidad del deterioro ambiental y que el multilateralismo ambiental atraviesa una de sus etapas más frágiles.
Ante este escenario, la Unión Europea defiende la necesidad de revitalizar la cooperación internacional y reforzar el papel del Programa de la ONU para el Medioambiente (PNUMA), promoviendo políticas basadas en la ciencia.
Entre sus prioridades destacan el fortalecimiento de los objetivos climáticos para 2030, la aceleración de la transición energética, la reducción del uso de combustibles fósiles y la transformación del modelo agroalimentario.
Finalmente, la UE hizo un llamado a gobiernos, empresas y ciudadanía, recordando que la responsabilidad es compartida.
“La inacción”, advirtió Roswall, “podría convertir la crisis ambiental en una amenaza incontrolable para las generaciones presentes y futuras”.
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