Los humedales artificiales se afianzan como una solución eficaz y sostenible para mejorar la calidad del agua y proteger los ecosistemas acuáticos.
Estos sistemas, diseñados con base científica e inspirados en la naturaleza, permiten integrar la gestión ambiental con el territorio frente a la creciente presión urbana y agrícola.
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Los humedales artificiales se posicionan como herramientas clave para la protección sostenible del agua.
Estudios recientes demuestran que los humedales artificiales pueden reducir hasta en un 80 % la presencia de nutrientes como nitrógeno y fósforo, principales causantes de la eutrofización.
Al disminuir estos compuestos, se previene la proliferación de algas y la degradación de ríos, lagunas y humedales naturales.
Investigaciones realizadas en la Albufera de València confirman además su capacidad para disminuir concentraciones de plaguicidas, metales pesados y otros contaminantes antes de que el agua regrese al medio natural.
De acuerdo con la Universitat Politècnica de València (UPV), estos sistemas funcionan como infraestructuras verdes que amortiguan picos de contaminación y mejoran la gestión de nutrientes.
En el marco del Día Mundial de los Humedales, el Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente (IIAMA) de la UPV destacó los resultados de un estudio en el humedal artificial Tancat de la Pipa.
El análisis reveló una elevada retención de sólidos en suspensión, cercana al 80 %, y una reducción significativa del nitrógeno amoniacal mediante procesos naturales como la sedimentación y la nitrificación.
El estudio también subraya la importancia del diseño hidráulico, ya que las configuraciones con varias celdas en paralelo aumentan la eficiencia del tratamiento.
En un contexto de escasez hídrica y aumento de contaminantes, los humedales artificiales se posicionan como herramientas clave para la protección sostenible del agua.
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