La contaminación provocada por los incendios forestales ha sido subestimada durante años. Un estudio reciente advierte que estos eventos liberan a la atmósfera muchos más gases contaminantes de lo que reflejaban los modelos tradicionales, afectando la calidad del aire incluso a grandes distancias del fuego.
La investigación, liderada por la Universidad de Tsinghua, en China, concluye que las emisiones de compuestos orgánicos derivadas de incendios forestales y quemas controladas son alrededor de 21 % mayores a lo calculado previamente.
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A nivel global, las emisiones orgánicas de los incendios forestales ya equivalen al 79 % de las de origen humano.
Entre 1997 y 2023, estos incendios liberaron en promedio 143 millones de toneladas anuales de compuestos orgánicos.
La diferencia clave está en que los inventarios anteriores solo consideraban los compuestos orgánicos volátiles, dejando fuera sustancias de volatilidad intermedia y semivolátiles.
Estos compuestos, al liberarse con el calor, se transforman fácilmente en partículas finas que penetran profundamente en los pulmones.
Para actualizar las cifras, los científicos combinaron datos de áreas quemadas en bosques, pastizales y turberas con mediciones de laboratorio y campo, identificando un vacío de unas 25 millones de toneladas anuales de contaminantes no contabilizados.
A nivel global, las emisiones orgánicas de los incendios ya equivalen al 79 % de las de origen humano. En regiones como Asia ecuatorial, el norte de África y el sudeste asiático, el humo se suma a la contaminación urbana, agravando los riesgos para la salud.
El estudio alerta que los modelos actuales de calidad del aire podrían estar infraestimando el impacto real del humo, retrasando medidas de prevención y protección sanitaria.
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