La Generación Z se ha consolidado como un actor clave en la evaluación de la reputación ambiental de las empresas, marcando un antes y un después en la forma en que las marcas comunican su compromiso con la sostenibilidad.
Los jóvenes nacidos entre 1995 y 2009 no solo prestan atención a los discursos corporativos, sino que también examinan con rigor la coherencia entre lo que las compañías dicen y lo que realmente hacen.
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Pese a su actitud crítica, la Generación Z no es completamente escéptica.
Un estudio liderado por la Universitat Oberta de Catalunya, basado en 8 mil 980 encuestas en seis países —España, Italia, Portugal, Chile, Colombia y México—, revela que esta generación es especialmente crítica frente al greenwashing o ecoblanqueo.
Los resultados muestran que los jóvenes no son consumidores pasivos: observan, evalúan y están dispuestos a penalizar a aquellas empresas que consideran incoherentes en su compromiso ambiental.
El informe también destaca diferencias geográficas. Los consumidores europeos se muestran más exigentes, influenciados por una mayor conciencia climática y marcos regulatorios más estrictos.
En contraste, países como México y Colombia registran percepciones más positivas, en parte debido a distintas expectativas sociales y niveles de regulación.
Asimismo, sectores como el tabaco, los combustibles fósiles o las bebidas azucaradas parten con desventaja reputacional debido a su impacto ambiental.
Pese a su actitud crítica, la Generación Z no es completamente escéptica. El estudio concluye que estos jóvenes reconocen y valoran los esfuerzos genuinos, siempre que estén respaldados por transparencia y resultados concretos, consolidándose como una audiencia exigente pero justa.
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