Un ensayo científico publicado en la revista PLOS Climate plantea un cambio de paradigma en la planeación de las ciudades al considerar que los árboles urbanos y las áreas verdes deben dejar de verse como elementos decorativos y reconocerse como infraestructura esencial para enfrentar el cambio climático y el calor extremo.
Los investigadores sostienen que el arbolado urbano desempeña un papel clave para reducir las temperaturas, mejorar la calidad del aire, disminuir el ruido y favorecer la infiltración del agua de lluvia.
Además, los espacios verdes contribuyen al bienestar físico y mental de la población, especialmente durante las olas de calor, cuya intensidad y frecuencia aumentan en distintas regiones del mundo.
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Árboles y áreas verdes contra el calor extremo.
El estudio advierte que la pérdida de árboles maduros genera impactos que pueden prolongarse durante décadas, ya que un ejemplar recién plantado tarda años en proporcionar la misma sombra y los beneficios ambientales de uno adulto.
Por ello, los autores proponen que las ciudades destinen recursos permanentes para proteger y mantener sus bosques urbanos, al mismo nivel que otras infraestructuras públicas.
La investigación también destaca que el acceso a áreas verdes no se distribuye de forma equitativa. Los barrios con mayor densidad poblacional y menores ingresos suelen registrar una menor cobertura arbórea, lo que incrementa la exposición de sus habitantes al calor extremo y a la contaminación.
El ensayo propone cuatro líneas de acción: invertir en los bosques urbanos como infraestructura viva, garantizar un acceso equitativo a las zonas verdes, incorporar estos espacios en las políticas climáticas y gestionar el arbolado con información científica y monitoreo constante.
Los especialistas concluyen que las ciudades deberán priorizar la conservación y planificación del arbolado urbano si buscan reducir los efectos del calentamiento global y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.
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