Los satélites ya permiten detectar grandes fugas de metano casi en tiempo real. Sin embargo, esta tecnología todavía no consigue generar suficientes acciones para frenar sus efectos sobre el clima.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierte que solo el 13 % de las grandes emisiones identificadas mediante vigilancia satelital provoca una investigación y alguna medida para detenerlas.
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Las principales fuentes de fugas de metano incluyen instalaciones petroleras, minas de carbón y vertederos.
El metano (CH₄) atrapa entre 28 y 36 veces más calor que el dióxido de carbono durante un periodo de 100 años. Además, aunque permanece menos tiempo en la atmósfera, contribuye aproximadamente a un tercio del calentamiento global actual. Por ello, reducir sus emisiones puede generar beneficios climáticos en pocas décadas.
Naciones Unidas utiliza el Sistema de Alerta y Respuesta sobre el Metano (MARS), integrado en el Observatorio Internacional de Emisiones de Metano.
Desde su lanzamiento en 2023, MARS ha emitido más de 5 mil alertas en 33 países y ha permitido verificar más de 40 acciones para reducir emisiones.
Ante esta situación, el PNUMA y Bloomberg Philanthropies impulsarán nuevas medidas para que gobiernos y empresas atiendan al menos el 80 % de las alertas antes de 2030. Asimismo, la iniciativa ampliará la plataforma Eye on Methane y sumará información de nuevas misiones espaciales.
Las principales fuentes de grandes emisiones incluyen instalaciones petroleras y gasíferas, minas de carbón y vertederos. En muchos casos, las fugas requieren reparaciones sencillas y de bajo costo.
Por ejemplo, en Argelia una alerta permitió localizar y reparar una fuga que llevaba décadas activa y generaba un impacto climático equivalente al de unos 500 mil vehículos anuales.
En consecuencia, la ONU busca convertir los datos satelitales en reparaciones concretas. Para lograrlo, gobiernos, empresas y organismos internacionales deberán fortalecer la cooperación, la financiación y la capacidad técnica.
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