La modificación de la radiación solar (SRM, por sus siglas en inglés) surge como una posible estrategia para frenar el calentamiento global, pero sus efectos sobre la salud humana y el ambiente generan incertidumbre.
Investigadores de Argentina, Brasil, Reino Unido, Estados Unidos y Francia analizaron los desafíos científicos y éticos de esta tecnología.
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¿Qué dicen los especialistas sobre la modificación de la radiación solar?
El estudio, publicado en Zenodo y financiado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Wellcome Trust, examinó la evidencia disponible desde una perspectiva de salud pública, con énfasis en los países del Sur Global.
La SRM reúne técnicas experimentales que buscan enfriar el planeta al reflejar parte de la luz solar o facilitar la salida del calor hacia el espacio. Entre las propuestas destacan la inyección de aerosoles de azufre en la estratósfera y la modificación de nubes para alterar la radiación.
Sin embargo, estas intervenciones podrían modificar los patrones de lluvia, reducir la disponibilidad de agua y afectar la producción agrícola.
Algunas partículas también podrían llegar a la superficie e ingresar al organismo mediante la inhalación, con posibles consecuencias respiratorias, cardiovasculares y neurológicas. Los investigadores advierten que reducir la exposición a la luz solar también podría influir en la salud mental.
Para elaborar el informe, el equipo revisó miles de publicaciones científicas, pero solo 17 cumplieron los criterios para un análisis detallado.
Los autores señalaron que estos estudios no permiten confirmar ni descartar daños directos en las personas, pues muchos riesgos se basan en modelos climáticos y en las propiedades de las sustancias propuestas.
El trabajo también expone una desigualdad en la investigación: Estados Unidos y Europa concentran buena parte de los estudios, mientras los países del Sur Global tienen poca participación en la producción científica y la toma de decisiones.
Ante la falta de evidencia concluyente, los especialistas consideran prematuro aplicar esta tecnología y reclaman más investigaciones y participación internacional para evaluar sus riesgos.
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