El mar Mediterráneo enfrenta hoy una batalla distinta a la de los mitos griegos. La contaminación, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la presión humana ponen en riesgo uno de los ecosistemas más importantes del planeta, del que dependen más de 500 millones de personas.
Aunque representa apenas el 1% de la superficie oceánica mundial, el Mediterráneo alberga hasta el 18% de las especies marinas conocidas, de las cuales más de una cuarta parte son endémicas.
Además, sostiene actividades clave como la pesca, el turismo y el transporte marítimo, fundamentales para las economías de Europa, África y Asia.
Lee también: Daniel Madariaga Barrilado destaca a la IA como motor del crecimiento turístico sustentable
Conservar el Mediterráneo resulta indispensable para garantizar el equilibrio ecológico de las próximas décadas.
Sin embargo, las amenazas aumentan. Cada día llegan al mar unas 730 toneladas de residuos plásticos y, cada año, los ríos descargan alrededor de 925 millones de objetos flotantes, la mayoría fabricados con este material.
A ello se suman aguas residuales, químicos industriales, microplásticos, ruido submarino y contaminantes que deterioran los hábitats marinos.
El calentamiento de la región, que avanza un 20% más rápido que el promedio mundial, agrava la situación. Las olas de calor, la acidificación del agua y el aumento del nivel del mar afectan especies como la foca monje, los delfines y las tortugas bobas, además de ecosistemas esenciales como las praderas de Posidonia oceanica.
Frente a este panorama, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente impulsa el Plan de Acción para el Mediterráneo y el Convenio de Barcelona, mediante los cuales 21 países y la Unión Europea coordinan estrategias para reducir la contaminación, restaurar ecosistemas, proteger áreas marinas y promover un desarrollo sostenible.
Las autoridades ambientales advierten que conservar el Mediterráneo resulta indispensable para garantizar el equilibrio ecológico y el bienestar de millones de personas en las próximas décadas.
Lee también: La ciencia pide tratar a los árboles urbanos como infraestructura contra el calor extremo

