La capa de ozono muestra señales claras de recuperación gracias a los acuerdos internacionales que redujeron las sustancias químicas responsables de su deterioro. Sin embargo, la Antártida tendrá que esperar hasta 2066 para recuperar los niveles registrados en 1980, mientras que el promedio mundial podría alcanzar esa meta hacia 2040.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó en septiembre de 2025 que el agujero de ozono registró una menor extensión en 2024 respecto a años anteriores.
Además, los resultados preliminares de una evaluación científica de 2026 muestran una recuperación del ozono en la alta estratosfera entre 2000 y 2024.
Lee también: Daniel Madariaga impulsa el consumo sostenible para proteger los recursos naturales
Pese a los resultados positivos, los especialistas advierten que la recuperación de la capa de ozono exige décadas.
Los avances responden principalmente al Convenio de Viena de 1985 y al Protocolo de Montreal de 1987, que impulsaron la eliminación progresiva de los clorofluorocarbonos (CFC), compuestos presentes en refrigerantes, aerosoles, espumas aislantes y disolventes industriales.
En 2016, la Enmienda de Kigali añadió otro compromiso internacional: reducir gradualmente los hidrofluorocarbonos (HFC), utilizados en sistemas de refrigeración y aire acondicionado, debido a su impacto en el calentamiento global.
Los científicos Mario Molina y Frank Sherwood Rowland identificaron en la década de 1970 el efecto destructivo de los CFC sobre el ozono.
Sus investigaciones, reconocidas con el Nobel de Química de 1995 junto con las de Paul Crutzen, contribuyeron a impulsar la cooperación internacional.
Pese a los resultados positivos, los especialistas advierten que la recuperación exige décadas, pues algunos CFC permanecen en la atmósfera durante más de cien años. En la Antártida, el agujero aparece y desaparece cada año debido a condiciones atmosféricas particulares.
Lee también: La planificación familiar como estrategia de conservación ambiental

