La ola de calor que azota a gran parte del planeta este agosto confirma que el cambio climático ya no es una advertencia, sino una amenaza cotidiana.
Amplias zonas han registrado temperaturas extremas, algunas superiores a los 50°C, junto a incendios forestales que están afectando la salud, la economía y el medio ambiente.
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La ola de calor de julio de 2025 fue la tercera más calurosa jamás registrada, superada solo por 2023 y 2024.
En Irán e Irak, el termómetro rebasó los 50°C, obligando a suspender clases y labores, y generando cortes de electricidad y agua.
En Marruecos, una alerta por ola de calor prevé máximas de 47°C, mientras Japón rompió su récord histórico con 41,8°C.
El suroeste de Turquía alcanzó 50,5°C, y en diversas regiones del hemisferio norte las temperaturas diurnas rondaron los 40°C, con mínimas nocturnas peligrosamente altas.
Según el Servicio de Cambio Climático Copernicus, julio de 2025 fue el tercer julio más caluroso jamás registrado, superado solo por 2023 y 2024.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advierte que estas condiciones, sumadas a la mala calidad del aire por incendios, agravan los riesgos para millones de personas.
Entre 2000 y 2019, unas 489 mil muertes anuales estuvieron relacionadas con el calor, y los expertos insisten en que todas son evitables con planes de prevención y alertas tempranas.
Los incendios forestales han cobrado vidas en Grecia, Chipre y Turquía, arrasando bosques y obligando a evacuaciones masivas.
En Francia, el mayor incendio del verano destruyó 16 mil hectáreas, mientras Canadá enfrenta una de sus peores temporadas, con 6,6 millones de hectáreas quemadas.
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