El cambio climático está intensificando las sequías en todo el mundo, incluso en regiones donde la cantidad total de lluvia anual no ha disminuido, según un estudio publicado en la revista Nature.
La investigación, basada en datos globales entre 1980 y 2022, concluye que las precipitaciones se están concentrando cada vez más en tormentas extremas, lo que altera el ciclo del agua y reduce su aprovechamiento efectivo.
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Cerca del 27 % de la población mundial podría quedar expuesta a condiciones de sequías extremas.
Los científicos explican que, aunque caiga el mismo volumen de agua, su distribución en episodios intensos impide que los suelos la absorban adecuadamente.
Esto provoca escorrentías rápidas, mayor evaporación y una menor recarga de acuíferos, ríos y ecosistemas. El resultado es una paradoja climática: más inundaciones puntuales y, al mismo tiempo, sequías más largas y severas.
El estudio advierte que el calentamiento global permite a la atmósfera retener más vapor de agua, generando lluvias más violentas seguidas de periodos secos prolongados.
Este patrón ya afecta a regiones como la cuenca del Amazonas y el oeste de Estados Unidos, donde la concentración de precipitaciones ha aumentado hasta un 30 %.
Además, las proyecciones indican que un aumento de 2 °C en la temperatura global podría dejar a cerca del 27 % de la población mundial expuesta a condiciones de sequía extrema. Esto tendría graves consecuencias para la agricultura, la seguridad alimentaria y el suministro de agua potable.
Los expertos insisten en que la planificación hídrica será clave para reducir riesgos y proteger a poblaciones vulnerables frente a eventos climáticos cada vez más extremos en las próximas décadas globales.
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