El cambio climático y la actividad humana están llevando a los lagos del planeta a un deterioro sin precedentes.
Estos cuerpos de agua dulce, vitales para la biodiversidad, el suministro de agua y la regulación climática, enfrentan amenazas crecientes que ponen en riesgo a millones de personas.
Actualmente existen más de 100 millones de lagos en el mundo, pero muchos han perdido gran parte de su volumen o calidad.
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El cambio climático y su amenaza a los principales lagos del mundo.
Mientras algunos se secan, como el lago Poopó en Bolivia o el mar de Aral en Asia Central, otros padecen desbordamientos e inundaciones por lluvias extremas, como el lago Turkana en Kenia.
Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), más de 364 cuencas hidrográficas han visto reducidos o desaparecidos sus cuerpos de agua, afectando a más de 93 millones de personas.
Los especialistas advierten que la crisis hídrica se intensifica por tres factores principales: el cambio climático, la sobreexplotación y la contaminación.
El calentamiento global acelera la evaporación y altera el ciclo de precipitaciones, provocando sequías severas o tormentas extremas.
Al mismo tiempo, la extracción excesiva de agua para riego, consumo urbano e hidroeléctricas drena los lagos más rápido de lo que pueden recuperarse.
A esto se suma la contaminación por aguas residuales, pesticidas y fertilizantes, que generan proliferación de algas tóxicas y zonas muertas carentes de oxígeno.
Pese al panorama sombrío, expertos como Dianna Kopansky, del PNUMA, sostienen que aún hay margen para la acción.
Recomiendan avanzar en una gestión integrada de recursos hídricos, fortalecer la participación comunitaria en la protección de cuencas y mejorar el monitoreo de la calidad del agua.
La meta internacional es restaurar y conservar al menos el 30 % de las aguas continentales para 2030. “Lo que realmente necesitamos es voluntad política y social para tratar a los lagos como los recursos preciosos que son”, concluyó Kopansky.
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