La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ha elevado el nivel de amenaza del pingüino emperador y del lobo marino antártico, dos especies emblemáticas del continente blanco, ante el impacto acelerado del cambio climático y la disminución del krill, base de la cadena alimentaria en la región.
El pingüino emperador, el mayor del mundo, ha pasado de la categoría de “casi amenazado” a “en peligro”. Su población habría disminuido alrededor de un 10% entre 2009 y 2018, lo que representa más de 20 mil adultos menos.
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El descenso de la población del pingüino emperador es una señal de alarma del ecosistema antártico.
El principal problema es la pérdida del hielo marino, que se rompe antes de tiempo por el aumento de las temperaturas. Esto provoca que muchas crías mueran por hipotermia al caer al agua sin haber desarrollado su plumaje impermeable.
La situación del lobo marino antártico también es crítica. La UICN lo ha reclasificado de “menor preocupación” a “en peligro” tras registrar una caída superior al 50% de su población en tres décadas, pasando de más de dos millones de ejemplares a menos de un millón.
Los científicos señalan como causa principal la reducción del krill, que se desplaza a mayores profundidades debido al calentamiento del océano y la pérdida de hielo.
Esto afecta especialmente la supervivencia de las crías. A ello se suman la competencia con ballenas barbadas en recuperación y la depredación de orcas.
Expertos como Philip Trathan advierten que el descenso del pingüino emperador es una señal de alarma del ecosistema antártico.
La UICN insiste en que la pérdida de hielo marino es la amenaza central y que solo la reducción de emisiones puede frenar el deterioro.
Sin embargo, los acuerdos internacionales en la Antártida avanzan lentamente por la falta de consenso entre países.
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