La expansión de la economía digital y el auge de la inteligencia artificial impulsan la construcción de centros de datos cada vez más grandes, pero estas instalaciones también generan una creciente presión sobre los recursos naturales.
Detrás de cada búsqueda en internet, aplicación de inteligencia artificial o archivo almacenado en la nube existen infraestructuras que operan las 24 horas del día.
Su funcionamiento requiere grandes cantidades de electricidad, agua y territorio, además de sistemas de refrigeración capaces de mantener los servidores a temperaturas adecuadas.
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Especialistas plantean determinar con precisión el consumo de los centros de datos.
Algunos proyectos contemplan edificios que, en conjunto, alcanzan unos 300.000 metros cuadrados y una capacidad tecnológica cercana a los 300 megavatios (MW).
Para cubrir esa demanda, ciertas propuestas incluyen plantas propias de generación con ocho turbinas de gas natural, con una capacidad aproximada de 500 MW.
Cuando los centros recurren a la red eléctrica, también pueden exigir nuevas subestaciones, líneas de transmisión y parques eólicos o solares.
El agua representa otro desafío. Los sistemas de refrigeración pueden requerir importantes volúmenes, una situación especialmente delicada en regiones que enfrentan sequías recurrentes, temperaturas más elevadas y una disponibilidad hídrica limitada.
Por ello, especialistas plantean determinar con precisión el consumo de cada instalación, el origen del recurso y su compatibilidad con las necesidades locales.
El impacto ambiental tampoco se limita al terreno que ocupa cada centro. La infraestructura energética y de suministro asociada puede extender sus efectos sobre ecosistemas, biodiversidad y territorio durante décadas.
Ante el crecimiento de la inteligencia artificial, la nube y el almacenamiento masivo, organizaciones ambientales reclaman una planificación territorial más rigurosa.
Identificar zonas de menor impacto y coordinar las necesidades digitales con la transición energética y la conservación ambiental permitirá afrontar la expansión tecnológica con una visión de largo plazo.
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